El aumento de la violencia familiar durante la pandemia y las herramientas para hacerle frente

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El aumento de la violencia familiar durante la pandemia y las herramientas para hacerle frente

La violencia familiar responde a los comportamientos violentos amenazantes dentro de las unidades familiares. Así lo consideran Amber Peterman investigadora de la Universidad de Carolina del Norte y Nicole Van Gelder pedagoga especializada en violencia de género y doméstica, las cuales afirman que estos pueden ser tanto físicos como psicológicos, económicos o sexuales, incluyendo tanto el abuso infantil como la violencia de género. En ocasiones, los riesgos de padecer violencia familiar se acrecientan debido a factores externos a la unidad familiar. En este sentido, durante las catástrofes naturales o las pandemias se puede ver incrementada la violencia debido a factores de estrés económico, la inestabilidad relacionada con el desastre, la mayor exposición a relaciones de explotación y opciones de apoyo más reducidas que antes. Estos contextos asociados con las pandemias crean un entorno donde los niños se ven alterados y puede desembocar en el aumento de la incidencia de maltrato infantil. En relación a esto, ¿podría haber afectado la situación de pandemia provocada por el virus SARS-COV2 y el estado de alarma a las relaciones intrafamiliares y a la convivencia?

La crisis del COVID-19 ha podido generar o agravar una serie de factores de riesgo de negligencia infantil. Noemí Pereda y Diego Diaz-Faes investigadores de la Universitat de Barcelona, consideran que, a nivel micro, se esperaba un aumento del comportamiento de oposición y pruebas límite de los niños frente a los padres y a las madres. Esto podría provocar respuestas duras al sufrir agotamiento impulsado por las consecuencias de la pandemia. El estrés e incertidumbre de la infancia acerca de la pandemia provoca un aumento de tensión entre los padres/madres y sus hijos/as.

Por otro lado, el consumo del alcohol de progenitores en el hogar para controlar dicho estrés y la tensión pueden también contribuir a aumentar la violencia contra los/las más pequeños. Además, si los niños/niñas no van a la escuela o la guardería ni a actividades extraescolares los padres/madres deben mantenerlos ocupados/as y en muchos casos tener que trabajar de manera telemática, no permitiendo por tanto la atención propicia.

Asimismo, a nivel macro, las consecuencias económicas de la crisis también son factores de riesgo. Por ejemplo, la pérdida de ingresos, el desempleo o las dificultades de vivienda. Así lo explican Humphreys, Myint y Zeana, si las personas adultas dejan su casa para trabajar, niños y niñas se enfrentan a un mayor riesgo de negligencia en la supervisión. En el caso de que trabajen en casa, los padres y madres se ven obligados a satisfacer las demandas laborales y además cuidar a sus hijos/as. En este sentido se espera un mayor comportamiento de oposición y pruebas límites siendo más probable que estos comportamientos provoquen respuestas más duras por parte de las personas adultas. A estos hechos se le añade la ansiedad y el estrés de los padres y madres por las preocupaciones financieras o existenciales, desembocando en arrebatos de violencia verbal o incluso física.

En cualquier caso, la situación de crisis por el COVID-19 puede provocar el aumento de estrés en los miembros de la familia provocando así relaciones familiares dificultosas y pudiendo desencadenar en violencia familiar. Orte, Ballester y Nevot consideran que estos hechos se agravarían en aquellas familias con un menor nivel de recursos y con apoyo limitado.

Andrew Campbell, experto en violencia doméstica y riesgos asociados de la mano de los adultos a la infancia destaca que no solamente aumenta el riesgo de violencia durante situaciones de crisis como desastres naturales, sino que además estos efectos se extienden durante varios meses después de que ocurra la catástrofe.

En este sentido, observamos un posible aumento de la violencia familiar en la comunidad de Andalucía pudiendo relacionarse con los efectos de la crisis sanitaria. No obstante, se ha visto dificultada la obtención de datos estadísticos en estos aspectos derivada de la misma crisis. Sin embargo, encontramos un aumento de las víctimas de violencia familiar y de género según el Instituto Nacional de Estadística, pues en el 2020 respecto al año anterior, la cifra de víctimas ha aumentado en un 6,61%.

Con respecto al sexo, la cantidad de mujeres víctimas ha aumentado un 2,32%. En relación a los hombres destaca un incremento del 13,64% respecto al año anterior, no observándose un incremento de esta magnitud en años anteriores. Así pues, cabe la posibilidad de que este incremento sea fruto de los efectos de la crisis sanitaria y de las medidas para atajar el virus

Por otro lado, observamos además un incremento en el número de las víctimas en relación al tipo de parentesco (padre/madre o hijo/a), destacando en el año 2020 un incremento del 5,96% respecto al año anterior, no observándose un incremento así en años anteriores. Además, destaca un aumento del número de hijos víctimas de violencia familiar en un 11,83% respecto al año anterior y un 18,18% respecto al 2018.

Por otro lado, observamos además un incremento en el número de las víctimas en relación al tipo de parentesco (padre/madre o hijo/a), destacando en el año 2020 un incremento del 5,96% respecto al año anterior, no observándose un incremento así en años anteriores. Además, destaca un aumento del número de hijos víctimas de violencia familiar en un 11,83% respecto al año anterior y un 18,18% respecto al 2018.

Es difícil hacer una aproximación por la falta de datos, pero lo que parece ser seguro es que la pandemia ha provocado efectos negativos en las relaciones de los miembros de la unidad familiar tanto en Andalucía como en el conjunto nacional. Surge, por tanto, la necesidad de realizar investigaciones que ayuden a identificar los casos de violencia doméstica además de fomentar por parte de las instituciones gubernamentales nuevas políticas públicas y sociales, así como su adaptación a esta situación especial.

Inserta Andalucía dispone desde 2019 del programa de “Competencia Familiar” el cual interviene con familias en riesgo de exclusión en todas las provincias de la comunidad de Andalucía para tratar problemas relacionados con la violencia familiar de una manera integral y multidisciplinar. Asimismo, el programa se ha visto intensificado debido a la situación de crisis sanitaria, económica y social por la COVID-19 sobre todo a raíz del confinamiento. Por otro lado, el programa ofrece un servicio de refuerzo de las capacidades de los propios niños, niñas y adolescentes para la detección precoz y la adecuada reacción ante situaciones de violencia intrafamiliar.

El programa está avalado por la evidencia científica, pues cuenta con un acuerdo con el Grupo de Investigación en materia de Infancia y Familia (GIFES) de la Universidad de las Islas Baleares para la formación, supervisión de la ejecución y la evaluación del programa destacando a personas investigadoras expertas en la materia como la Catedrática María del Carmen Orte, y el profesor Lluis Ballester Brage. Dicho grupo de investigación fue el que introdujo el programa de competencia familiar en España.

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